Tres elementos se repiten en todas las rutas de esta costa. El primero es el agua: no hay fuentes en los itinerarios y en verano el consumo aumenta rápidamente. El segundo es el terreno: caliza, a menudo pulida y resbaladiza, con tramos expuestos. El tercero es la señalización, que varía de buena a inexistente en la misma ruta.
De ahí se deriva una consecuencia práctica: los guías locales en las rutas exigentes no son un servicio de lujo. Conocen los pasos, la situación del agua y las opciones de salida si algo sale mal.
Para quienes caminan sin guía, el enfoque sensato es empezar con rutas panorámicas cortas, evaluar el terreno y solo entonces afrontar los descensos a las calas o las gargantas del interior.





